12 de febrero de 2013

La unificación




Wilhelm siempre ha sido ese príncipe extraño: cuando los demás gobiernan con puño hierro, él siempre extendía su mano, cuando los brujah neo-nazis de Berlín le exigían cazas de sangre contra "extranjeros invasores", el calmaba los ánimos  e incluso se asegura de que estos estuvieran a salvo. Siempre conservaba una integridad moral de la que le gustaba hacer gala. Pero, al fin y al cabo, él era un miembro poderoso de la Estirpe, y en la Yihad, no hay antiguo que esté siempre seguro. A pesar de gobernar en la capital de una de las naciones mas poderosas del mundo, la división que suponía compartir el territorio con Gustav le dejaba en una posición muy débil respecto al resto de príncipes de Europa. Su voz no se escuchaba en los cónclaves: es relativamente joven, comparado con las momias que conspiran en los salones de Europa, Gustav lo eclipsaba. Pero eso se acabó.

-Hice lo que la delicada situación me obligo a hacer. Gustav estaba descontrolado, propagó un terrible virus entre mis fieles mas jóvenes, todos ellos están ahora bajo una restrictiva cuarentena, sin posibilidades de curarse aun. Cierto que no cuento con pruebas que relacionen directamente a Gustav con la enfermedad, pero pronto verán que era la deducción mas lógica.