La tormenta era cada vez mas violenta. En las tierras de la piel duró solo unos cuantos días pero todas esas muertes, todas esas almas condenadas por acciones con las que no tenían responsabilidad ni forma de evitarlo, debían acabar en algún sitio.
"Hasta las Tierras de la Muerte tienen un limite"- Dijo la figura que descendía por la interminable escalera de caracol, mientras observaba el paisaje por las ventanas. Descendiendo por la torre, esta figura inspecciono la fortaleza: aun tenia mucho por hacer, y el tiempo apremiaba.
Atravesando las desiertas calles de la fortaleza, se introdujo por un portón que permitía descender a las catacumbas. Mientras caminaba, su mente intentaba detenerle.
-¡¿Que pretendes hacer ahora?!
-Podría decírtelo, pero prefiero que lo veas tu mismo, a través de tus propios ojos...
-Nos quedaremos atrapados aquí si no huimos, desapareceremos junto con este mundo. No es que desee mi muerte, pero verte fracasar bien valdrá la pena.
-Calla, y observa, yo no puedo fracasar. Encontrar los restos de Goratrix y darle una nueva oportunidad para servirme seria muy costoso, y requeriría mucho tiempo. Voy a reclutar a otros vástagos.
Descendiendo por las oscuras cavernas, Etrius, o lo que quedaba de él, llegó hasta su objetivo. Cuatro ataúdes construidos sobre la piedra y con multitud de hechizos protectores. Ni siquiera Etrius podía entender las antiguas escrituras que estaban grabadas, pero no parecía ser un problema. El tremere se acerco a un pilar que sostenía un cuenco de cerámica. Levantó su mano y vertió su sangre sobre él. Después se acerco a las tumbas y las abrió una por una.
-Moloch...- El primer ataúd estaba ocupado por una criatura de aspecto infernal, desnudo, y con la piel tan negra como la noche.- Estarás hambriento, este mundo rebosa de energía, ve y aliméntate.- Con esas palabras, la criatura abrió los ojos, se incorporó y salio de su ataúd Después se disolvió en una sustancia oscura y viscosa que desapareció entre las grietas de la roca.
-Namtaru...- En el segundo ataúd descansaba una hermosa mujer, también desnuda, pero de aspecto angelical, piel blanca, rasgos perfectos y cuerpo tallado a conciencia.- Ve con tu hermano, arrancad un pedazo de este mundo y nutriros con él.- Y, tras un leve destelló de luz, desapareció.
Wu-Zei...- En el tercer ataúd descansaba un joven de rasgos asiáticos vestido con una túnica de color rojo y azul y un destacable tercer ojo en la frente- Dime, Wu-Zei ¿Quien descansa en el cuarto ataúd? ¿Es otro de tus hermanos?
El joven salió del ataúd y miro a una de las personas que mas había odiado durante su existencia, aunque tenia pleno conocimiento de la situación.
-No, mi señor, se trata de Erciyes, chiquillo de Ashur, quien creía que de esta manera, podría ejercer su poder sobre la Tal´Mahe´Ra.
-¡Erciyes!- Exclamó Etrius que inmediatamente se dirigió hacia el ultimo ataúd y derribo la tapa de un empujón Sin embargo, el ataúd estaba vacío.
-¿Que es esto? ¿Por que no esta aquí?
-No... No lo se mi señor, no se cuando pudieron sacarlo.
-¿Estas seguro de que realmente ha estado aquí todo este tiempo?
-Por supuesto, mi señor, poco después de que la Segunda Ciudad pereciera, salvamos lo que pudimos y nos trasladamos a este mundo. Aquí reconstruimos la segunda ciudad, y es aquí donde descansamos desde entonces. Erciyes por un preciado botín de guerra, que custodiamos desde entonces. No entiendo como ha podido escapar...
-Ya no importa, ve y aliméntate como tus hermanos y luego regresad a mi para que podamos salir.
-Mi señor, hay algo que me inquieta respecto a este Gran Maelstrom. Los anteriores fueron también muy violentos, pero tenían un fin en el que toda la energía volvía a estar en equilibrio. Sin embargo, este no parece tener fin y realmente esta destruyendo es reino. Pero las cosas no desaparecen sin mas, solo cambian, se transforman. ¿A donde crees, mi señor, que ira a parar toda esta energía?
-No lo se con exactitud, Wu-Zei, pero sea a donde sea que vayan todos espíritus, puedes llamarlo infierno. Ten por seguro que sirve al propósito de alguien, nada ocurre por simple azar.
-Es posible, mi señor. El comienzo de la tormenta coincidió con una de las batallas más terribles que se recuerdan. Nos atacaron, cientos de espectros, llegaron a las puertas de esta fortaleza y la asaltaron. La lucha se alargó durante varios días hasta que todo el consejo de la Tal´Mahe´Ra huyó. Escaparon a nuestro control, quizás ese fue el momento en que escapó Erciyes, nosotros ya estábamos bastante ocupados intentando que no nos descubrieran.
"Esos espectros sirven a una antigua y poderosa criatura, que en este mundo, muchos veneraban como a un dios. Nunca supimos quien era, hasta que descubrimos que siempre se presentaba durante un Gran Maelstrom. Por ello provocamos el quinto, y lo vimos. Es Sargón, mi señor."
-No. Eso es completamente imposible. Yo mismo acabé con su vida. Creo que alguien se esta burlando de mi. Y de todos vosotros. Ve a alimentarte ya.
Wu-Zei salió de las catacumbas por su propio pie, mientras tanto, Etrius regresó a la parte mas alta del torreón donde observó lo que quedaba de ese mundo. Ya casi podía verlo replegarse sobre la inmensa tormenta.
-De los siete, ¿Quién puede beneficiarse de la destrucción de un mundo como este? La yihad esta clamando por fin por un vencedor. Ya no pueden esperar más. Todos me creyeron. El resto moverá pronto a sus peones. Seguid luchando, hermanos míos, seguid creyendo en vuestro destino.
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