La tormenta era cada vez mas violenta. En las tierras de la piel duró solo unos cuantos días pero todas esas muertes, todas esas almas condenadas por acciones con las que no tenían responsabilidad ni forma de evitarlo, debían acabar en algún sitio.
"Hasta las Tierras de la Muerte tienen un limite"- Dijo la figura que descendía por la interminable escalera de caracol, mientras observaba el paisaje por las ventanas. Descendiendo por la torre, esta figura inspecciono la fortaleza: aun tenia mucho por hacer, y el tiempo apremiaba.
Atravesando las desiertas calles de la fortaleza, se introdujo por un portón que permitía descender a las catacumbas. Mientras caminaba, su mente intentaba detenerle.
-¡¿Que pretendes hacer ahora?!
-Podría decírtelo, pero prefiero que lo veas tu mismo, a través de tus propios ojos...
-Nos quedaremos atrapados aquí si no huimos, desapareceremos junto con este mundo. No es que desee mi muerte, pero verte fracasar bien valdrá la pena.
-Calla, y observa, yo no puedo fracasar. Encontrar los restos de Goratrix y darle una nueva oportunidad para servirme seria muy costoso, y requeriría mucho tiempo. Voy a reclutar a otros vástagos.


